Hoy celebro mi niñez divertida, sana, espontánea, sin miedos, y llena de esa alegría y gracia del cielo que me caracterizaba. Celebro lo bullosa que era, lo mucho que defendía a los demás, lo mucho que me encantaba jugar, y lo tanto que disfrutaba estar siempre con alguna amiguita. (hay que cosas que no cambian! lol) celebro mi familia, mi historia, el haber crecido en diferentes casas y con diferentes familiares. Celebro las carencias, porque me enseñaron querer tener juguetes, pero amar más jugar con amiguito(a)s. Gracias a las carencias, y a la cierta disfuncionalidad de mi familia, aprendí a cuidar de los sentimientos de los demás. Gracias a las carencias aprendí a jugar el parque (sin columpios); a disfrutar la travesía de caminar para llegar a la playa. A llamar a “maria” cuando se iba la luz. A disfrutar entre amigos "bañándonos" en la lluvia. Me encantaba salir, siempre estaba haciendo algo y no paraba en mi casa. Gracias a la libertad de mi niñez no le temía a nada: bajaba lomitas en yagua, me encanta montar bicicletas y patines en las calles - nunca en la cera; y calibrar la bici, patinar hacia atrás y bajar las lomas a to’ lo que da. Era tan libre como el viento, y al mismo tiempo tan apegada a las personas que hasta lloraba cuando no hablaba con una amiguita; pero también era pelioncita a la hora de defender a alguno de los míos, aunque yo fuera la mas chiquita.
Me encantaba bailar y me hacia parte de cualquier grupito de baile de mi pueblo- por ahí también anda un video de mi familiar donde yo estaba bailando sola un merengue, en lo que fue el Quisqueya Park. Mi niñez siempre espontánea.
Veía muchas novelas, aunque a mi tio Buchín no le gustaba que la vieramos- asi que me hacia la dormida cuando el llegaba. Comía mucho, y mi abuelita me consentía en eso. Disfrutaba estudiar – unas veces fui brillante, otras no tanto- y me encantaba el volleyball. Recuerdo que al frente de mi casa en Samana, estaba la cancha de volleyball, y me iba desde la tarde hasta las 11 de la noche a jugar. Recuerdo que en un tiempo estaba practicando baloncesto, y en otro tiempo, porrista. Era arriesgada o “afrentá” como dicen por ahí.
Las madres de mis amigo(a)s siempre me tomaban mucho aprecio, y para algunas, fui y soy parte de su familia. Me gustaba competir y hasta en los disques concursos de bellezas de niñas que hicimos, participaba. Tenía poco materialmente, pero me sobraba demasiado en el alma. Hoy ya cumpliendo mis 30 primaveras no he cambiado tanto, aunque parte de mi se ha escondido muy dentro de mi por los desaciertos. Y hoy estoy agradecida, feliz con Dios por tanto, ese tanto que a veces considero poco, pero que hoy celebro con la paz de saber que no estoy donde estuve hace ya un año. Dios has sido bueno y fiel, y todo lo que hoy soy, se lo debo a El... Si algo me enseñó mi niñez es que las cosas materiales van y vienen, mas el amor a través de las experiencias, tienen una eternidad tatuada en el alma. Hoy celebro no solo mi nacimiento, sino también el amor recibido por aquellos que me aman aún mas allá de mi defectos. Hoy celebro los tropezones, los malos amores, el rechazo, el frío, la indiferencia y la distancia; gracias a ellos hoy soy una mejor mujer, que aunque perdió en algunas ocasiones, todavía tiene lleno de amor el alma. Gracias!

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