
Un día como hoy 13 años atrás sonó la alarma, y muchos
se levantaban a preparar a sus niños para ir a clases. Otros no escucharon la
alarma así que corrían al baño y después se disponían con urgencia a tomar el
tren o conducir para llegar a sus trabajos. Era un día como cualquier otro, el
sol salió a su hora, y todos teníamos cosas que hacer. Algunos se enfermaron de
una gripe y no llegaron a sus trabajos, otros decidieron tomar un día
libre –había sido un año ajetreado y merecedor de un día de descanso. Otros se
levantaron tan tarde que llegarían al trabajo, pasada las 10:00am. Por mi parte
estaba en escuela secundaria, y ese día tenia clases- un día normal. Hasta que
alguien nos dijo que prendiéramos la televisión para ver lo que acontecía. Y es
que ese día muchos sueños fueron truncados; muchos niños se quedaron sin
padres, muchos padres se quedaron sin hijos, muchos esposos perdieron su
pareja, y hermanos sus hermanos; amigos que perdieron amigos, maestros,
estudiantes, primos y mucho mas.
Muchas lagrimas, y desesperación arropaba a la
población; aquellos que estaban trabajando en las torres gemelas, o que quizás
estaban muy cerca del lugar, perdieron su vida. Nadie pensó esa mañana que
darían su ultimo abrazo, beso; ni sabrían que sus ojos ya no verían sueños
cumplirse. Y es que la tragedia se robó tesoros que algunos ni siquiera sabían
que tenían, hasta ese día. El dolor se apoderó de los corazones, que
desesperados anhelaban una respuesta de esperanza, pero el humo había tornado
gris la esperanza. Muchos oraban, suplicaban que sus familiares estuvieran
vivos y a salvo, y para algunos su oración fue contestada. Para otros, solo la
esperanza de algún día volver a verlos quedó viva. ¡Qué dolor se respiraba ese
día! y para muchos el dolor sigue intacto todavía. Unos han aprendido a vivir
con aquella tragedia, y han aprendido a tener rosas aun con sus espinas – han
aprendido a seguir viviendo, y amar lo que les resta de la vida; celebran los
días buenos, y lloran cuando se necesita...
De igual manera recuerdo una historia parecida aunque
yo ni existía. Hace unos miles de años una madre recibía la mala noticia, su
hijo amado moría por la injusticia humana, y la justicia divina; todo para
salvar millones de personas que ni siquiera lo amarían. Hermanos que perdían su
hermano, amigos que perdían un fiel amigo... el día nubló el cielo de dolor, la
tierra lloraba y los ángeles asombrados con lo que aconteció. Y es que el
amador de los corazones y las almas yacía muerto por amor. Y es que este mismo
hombre conocía las lagrimas, angustia, el dolor; y aun pudiendo evitar su
“tragedia”, el amor no lo dejó. Nadie sabía que ese día le darían su último
beso y abrazo; muchos pensaron que ya todos sus sueños se habían muerto con el,
y la esperanza en sus brazos. Pero gracias a su “tragedia” de amor, la
esperanza resucita para aquellos que han perdido a alguien amado. Esa esperanza
que algún día volverán a darse un abrazo. Gracias a la muerte de este hombre
los sueños rotos cobran vida; los que lloran saben que sus lagrimas son contadas
y el dolor tiene propósito en la vida. Gracias a su muerte, hubo un tercer día
-el día de la resurrección para aquellos que mueren a su tiempo, o por
injusticia. El dia que hizo posible que la vida y la muerte no fueran las
mismas. Aunque para algunos es difícil abrazar esto, el amor de este hombre es
paciente y está presente en sus vidas. El es quien les da la fuerzas ante la
adversidad, les regala el aire que respiran; El es quien no previno el 9/11 ni
tampoco su partida- pero es el que está en medio de las tragedias llevándonos
de muerte a vida, cambiando la tristeza en alegría; es El quien nos enseña a
amar lo que nos resta de vida -celebrando los días buenos, y
consolándonos cuando lloramos el atentado aquel dia.
Juan 16:33(NTV) Les he dicho todo
lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas
y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo
Romanos 15:13 (NTV) Le pido a
Dios, fuente de esperanza, que los llene completamente de alegría y paz, porque
confían en él. Entonces rebosarán de una esperanza segura mediante el poder del
Espíritu Santo
2 Corintios 1:3-4 (NTV) Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de
nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de
todo consuelo. 4 Él nos consuela en todas
nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros
pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha
dado a nosotros.
No comments:
Post a Comment