Dale, desnúdate el alma. Déjame ver tus lunares recónditos que anidan dolor. Déjame navegar por los mares de tus lagrimas, y hacer un océano de amor para ti, para amar y vivir. Déjame besarte las mejillas que esconden todas las tristezas que decoras con el atuendo de tu sonrisa. Déjame abrazarte y quitar cada botón que mal puesto, te dejo el desamor- y con manos de sedas, colocarlo con precisión. Déjame desnudar tu alma sin prisa y con calma. Sin tocarte la piel, sin robarte nada, solo el corazón. Déjame acariciar la espalda de tus emociones, donde convergen tus alegrías y temores, donde me vuelvo niño ante tanta mujer- la que no quiero perder.
Déjame que encuentre cada poro, cada hebra de tu pelo donde se realizan todos mis sueños, y mi futuro deja de ser incierto. Allí donde tus tristezas son compartidas, tus alegrías multiplicadas; mis emociones acomodadas en las almohadas de tu pecho, brotando de alegría, y lagrimas. Déjame, no hay lugar mejor que tus pupilas, donde siempre encuentro mi hogar, mi vida. Donde tu calor es mi abrigo, y el frío se acurruca por tus suspiros. Déjame. Déjame quedarme donde no es temprano ni tarde, donde dejo de ser cobarde, y la valentía me viste con su único traje. Déjame desnudarte las manos y vestirlas con mi coraje, con mi honestidad, con mi ternura salvaje. Déjame quedarme en la cuna de tu amor, noche, mañana y tarde. Déjame quedarme, porque sin tí no existe la musa, ni el arte; de las pinturas de tu amor tengo una galería pa' mostrarles...Y dejarme, y hacer de dos, una misma carne; Mi musa, mi paisaje, mi arte.
Yamelly Pena
