Soy esas complejidades que muchos no entienden, de esos huracanes incontenibles, un mar profundo y recio; un sol intenso, un diluvio en el desierto, un fuego ardiente de misterios; un maremoto de cautelosas aguas, un terremoto de razones calladas; soy un tornado de emoción, pluma bajo un ventarrón; el alma de un corazón en constelación. Soy el álgebra, raíz cuadrada de todo lo aprendido y aquí estoy: Todo o nada, pasión. No me te tienen que querer, ni estar, soy lo que soy, y los que me entienden me saben amar. No le pido a nadie que se quede, y los que se van usualmente vuelven. Aunque mariposa aleteando al andar, soy caballito de mar-leal; un terrón de azúcar para el café de su sal. Una almohada para descansar. Mas que una casa de amores, un hogar. Nadie se tiene que quedar, ni siquiera participar; los que entienden, permanecen amando el huracán, que soy yo.
Yamelly Pena

Anda, desnúdate el alma. Déjame ver tus lunares recónditos que anidan dolor. Déjame navegar por los mares de tus lagrimas, y hacer un océano de amor para ti, para amar y vivir. Déjame besarte las mejillas que esconden todas las tristezas que decoras con el atuendo de tu sonrisa. Déjame abrazarte y quitar cada botón que mal puesto, te dejo el desamor; y con manos de sedas, colocarlo con precisión. Déjame desnudar tu alma sin prisa y con calma. Sin tocarte la piel, sin robarte nada, solo el corazón. Déjame acariciar la espalda de tus emociones, donde convergen tus alegrías y temores, donde me vuelvo niño ante tanta mujer- la que no quiero perder.
Déjame que encuentre cada poro, cada hebra de tu pelo donde se realizan todos mis sueños, y mi futuro deja de ser incierto. Allí donde tus tristezas son compartidas, tus alegrías multiplicadas; mis emociones acomodadas en las almohadas de tu pecho, brotando de alegría, lagrimas. Déjame, no hay lugar mejor que tus pupilas, donde siempre encuentro mi hogar, mi vida. Donde tu calor es mi abrigo, y el frío se acurruca por tus suspiros. Déjame. Déjame quedarme donde no es temprano ni tarde, donde dejo de ser cobarde, y la valentía me viste con su único traje. Déjame desnudarte las manos y vestirlas con mi coraje, con mi honestidad, con mi ternura salvaje. Déjame quedarme en la cuna de tu amor, noche, mañana y tarde. Déjame quedarme, porque sin ti no existe la musa, ni el arte. De las pinturas de tu amor tengo una galería pa' mostrarles...Gracias por dejarme, y hacer de dos, una misma carne; Mi musa, paisaje, mi arte.
Yamelly Pena

Entre el acné en mi espalda y las libras que me faltan y las que me sobran donde no quiero, puedo ver lo hermoso que me ha dado Dios: su gracia. He perdido tanto tiempo en nimiedades, y me he cansando sin necesidad. Pero hoy, en el espacio prestado de la vida, me detengo a pensar que sin las lágrimas sembrando las semillas, los frutos no se pueden cosechar con alegría. Hoy al pausar y bogar mar adentro decido mojar las manos en el agua; y al hacerlo descubro que todas las aguas son buenas para navegar, aún las mas turbias. Que el sol no dejará de radiar su calor, y que la luna seguirá siendo romántica- testigo de muchos amores y corazones rotos. Que el viento me besará la frente aunque le de la espalda. Y que aunque mi pelo se alborote el viento descansará en el. Porque en el reposo de mi mirada descansa la mariposa intrépida que siempre he sido. Y nadie puede robarle al cielo sus nubes, ni al arcoiris sus colores; porque este viaje incierto no dejará de ser motivador. Y todo lo que no se lleva el viento, está en las manos de Dios...
Yamelly Pena